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viernes, 29 de mayo de 2020

LEYENDA "EL GIRASOL"

Pirayú era cacique de una tribu que vivía a orillas del río Paraná. Mandió era cacique de una tribu vecina. Pirayú y Mandió eran buenos amigos. De ahí que sus pueblos intercambiaban en paz artesanías y alimentos.
Cierta vez, Mandió tuvo la gran idea de unir a las dos tribus, y por eso pidió en matrimonio a la hija de Pirayú. - Para estar siempre unidos quiero casarme con tu hija - dijo a su amigo. Imposible - respondió preocupado Pirayú. Y contó en seguida a Mandió que su hija no se casaría con ningún hombre porque había ofrecido su vida al dios Sol.
Ante la incredulidad de Mandió, Pirayú explicó que -Carandaí, mi hija, desde muy pequeña pasa las horas contemplando al sol. Sólo vive para él. Por eso los días nublados la ponen tan triste -; Mandió se alejó disgustado y prometiendo venganza.
Los días pasaron hasta que cierta vez andaba Carandaí con su canoa contemplando la caída del sol en medio del río cuando, de pronto, vio resplandores de fuego sobre su aldea. Remó rápidamente hacia la orilla, pero, cuando intentó desembarcar, unas barras gruesas de madera trabaron sus movimientos.
- ¡Ajá!, tendrás que pedirle a tu dios que te libere de mi venganza - dijó Mandió.
- ¡Oh! Cuarahjí, ¡Mi querido sol! - susurró Carandaí. - No permitas que Mandió acabe conmigo y mi pueblo. No lo permitas mi dios...
Y no había terminado de hablar cuando Cuarajhí, el sol, envió a la joven un remolino de rayos potentes que la envolvieron y la hicieron desaparecer de la vista de Mandió.
Allí donde había estado Carandaí, brotó una planta esbelta y hermosa con una flor dorada que, al igual que la princesa, siguió siempre, con su cara al cielo, los rumbos del sol.

LEYENDA DEL JACARANDÁ


martes, 26 de mayo de 2020

LEYENDA DE "EL POMBERO"

El Pombero o Pomberito es un duende de la mitología guaraní, que habita en los bosques del noreste de nuestro país (Misiones, Corrientes, Entre Ríos), y se ha ganado el respeto de los habitantes de la región. Su nombre en guaraní es “Cuarahú-Yara”, que significa “Dueño del Sol”, y es el duende protector de la naturaleza, encargado de castigar a aquellos que dañan los árboles o los animales. Tiene el aspecto de un viejo feo, alto, flaco y muy peludo, aunque algunos aseguran que es petiso y gordo.

El Pombero puede ser travieso, malvado y hasta amigo del hombre, según cómo se lo trate. Se dice que para ganarse su amistad, hay que dejarle ofrendas por la noche como tabaco, miel o caña. Entonces, se le puede pedir que cuide los cultivos y los animales y que traiga abundancia, y el Pombero será su amigo, los protegerá y acompañará en sus dificultades. Pero si olvidan la ofrenda que deben mantener por 30 noches seguidas, el Pombero enojado realiza maldades en el hogar y será su enemigo. Estará siempre vigilando y si un cazador o pescador mata más animales de los que consumirá o un leñador corta más madera de la que va a utilizar, se desata la furia del duende y su castigo puede ser muy cruel.

También protege a las aves, puede transformarse en árbol para tenerlas entre sus ramas y se comunica con ellas silbando.
A este duende le gusta cazar niños y se dice que suele raptarlos y chuparles la sangre si los encuentra haciendo travesuras, sobre todo si le están haciendo daño a algún animalito. Por eso, durante la hora de la siesta, los niños que no quieren dormir son advertidos por sus madres de que tienen que quedarse cerca de la casa, porque el Pombero suele rondar a estas horas buscando niños. También le gustan las mujeres y se dice que ha llegado a raptarlas, violarlas y hasta dejarlas embarazadas. Castiga de esta manera a las esposas infieles y a las jóvenes que han crecido sin ser bautizadas. Sin embargo, puede ser un duende sensible y enamorarse de una mujer embarazada de una niña, acompañarla y protegerla.

Es además muy travieso, gusta de abrir puertas y ventanas con violencia, tirar piedras o mover cosas, hacerse invisible sólo para molestar a las personas. Se dice que nunca debe pronunciarse su nombre en voz alta, burlarse de él o silbar durante la noche, porque esto también lo enfurece y con un solo roce de sus manos peludas puede producir mudez, temblores o confusión.

El primer día de octubre, suele bajar al pueblo con su sombrero de paja y un rebenque para azotar a quiénes no coman en su honor.

LEYENDA DE LA UMITA

La umita, es una historia que suele contarse en el noroeste argentino. La palabra Uma se utiliza en el quichua para referirse a la cabeza, quizás de ahí, que umita no sea ni mas ni menos que el diminutivo, ya que, precisamente la leyenda se basa en una cabeza de hombre, que flota por los aires, dando sustos con su aspecto, una enorme cabellera, ojos saltones y una gran dentadura, llorando y gimiendo en las noches.

Cuenta la leyenda, que hace mucho tiempo, una de las tantas tribus que habitaban nuestras tierras, fueron atacadas por malones que degollaron a todos, sin discriminar hombres de niños. Fue así, que uno de los niños, elegido por la madre tierra, al rodar su cabeza por el suelo, esta hecho raíces para que pueda vengarse y perseguir a los protagonistas de dicha barbarie.

Anduvo por los caminos, quejándose llorosamente, hasta que los encontró y con su enorme cabellera los asfixió, a uno por uno.

Desde entonces se cuenta que la umita suele aparecerse para guiar o proteger a las buenas personas del peligro que pueda acecharles.

Suele encontrarse en viejas taperas, ranchos abandonados, en lugares solitarias, por las noches, en busca de contar su queja, en especial a los viajeros, que lo único que hacen es espantarse, obviamente, ante dicho espectáculo.

Hay muchos casos de personas que la han escuchado, quejarse en pleno monte, o escucharla llorar, acompañada de un aire sigiloso y extraño, dando al cuerpo una enorme sensación de escalofríos que le recorre todo el cuerpo, pero por supuesto, no hay tiempo de análisis sino de correr.

Por otro lado, está el caso de quienes cuentan que se hacen acompañar por la umita, en esas noches muy oscuras, para sentirse protegidas del peligro, pero es solo algo para valientes.